lunes, 21 de mayo de 2018

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún recuerdo el sabor de las palabras
que pronunciaste esa mañana mientras me marchaba.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún oigo la ansiedad de tus manos
que, como aquella primera vez, buscan mi cuerpo.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún veo la sal de las lágrimas
que produjeron el amor y rodaron por mi rostro.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún huelo el roce de tus labios
tatuándome cada centímetro de piel.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún siento el brillo de tus ojos
que enlazan mi alma.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún tú y yo.
Aún, aquí y ahora.















(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 38¿Sabes lo que es la sinestecia?
En tu texto tendrás que describir cambiando los receptores de los sentidos.)

viernes, 18 de mayo de 2018

#VDLN - 96

Vos y yo...
...y no hay mucho más por decir.



miércoles, 16 de mayo de 2018

24 Retos de Lectura - #09


Reto 9:
¿Sabías que se han cumplido 200 años de la publicación de Frankenstein? No sé si sabes por dónde voy...
Elección: “La mujer que escribió Frankenstein”, de Esther Cross

Sinopsis:
Con su letra grande, Mary Shelley escribe la historia del doctor Frankenstein y el monstruo. También escribe un diario, escribe cartas. Es lo que sabe hacer desde que era chica: lee y escribe.
Mary Shelley nació en un tiempo tenebroso. Aprendió a leer su nombre en una lápida. Guardaba el corazón de su marido en su escritorio. En Frankenstein, su novela emblemática, inventó un monstruo hecho de partes de cadáveres. Eran los años de la Ciencia, la luz de la Razón, y el culto romántico de la Vida. Pero también había tumbas profanadas y quirófanos clandestinos. La gente creía en el desarrollo científico y al mismo tiempo, tenía miedo. Algunos, como Mary Shelley, se animaban, a pesar del temor, a ir un poco más allá, en los libros y en la vida.
“La mujer que escribió Frankenstein” vuelve sobre los pasos de la escritora, iluminando las calles y los cementerios donde Mary Shelley se sentaba a leer cuando era chica y se encontraba con su amante en la adolescencia, mientras el cirujano practicaba disecciones en el aula del hospital y el sueño de la razón producía monstruos.

¿Puedo ser sincera? He leído “Frankenstein” muchísimos años atrás (tantos que a veces dudo de mi edad...jajajajaja!), y me aburrió. Esa es la verdad. Lo terminé sólo porque no me gusta dejar un libro a mitad. Por eso, cuando ví el reto en cuestión pensé: “Oh oh... tenemos un problema...”, pero igual me puse a buscar. Y, entre lo que iba encontrando, apareció “La mujer que escribió Frankenstein” y enseguida llamó mi atención, pero por un particular detalle: la autora es argentina... y así empecé con él.

A medida que lo iba haciendo, la historia de esta mujer me atrapaba más de lo que había hecho su monstruo. Lo curioso de este libro, es que la autora utiliza datos reales y concretos, que podría dar la idea de una biografía, pero tiene la agilidad y, con los personales toques de la autora, lo hacen una novela en toda regla. Un libro que cuenta la historia de una mujer con una vida llena de constantes tragedias, que no se dejó doblegar por el dolor. Una mujer que a raíz del amor, y la muerte, del que fue su marido, Percy Shelley, comienza a reflexionar –aún más- sobre la idea de la muerte, y el constante vivir.

“(...) El cementerio, con la tumba sagrada, fue el primer sitio donde el amor brilló en tus ojos. Nos encontraremos de nuevo (...) Un día vamos a unirnos.  La naturalezza te nombra. En las ciudades y entre la gente no siento tu presencia, pero ahí estás conmigo, mío, inseparable (...)”

Un libro que me ha encantado descubrir, leer; porque la historia de esta mujer, pionera de su tiempo, me ha cautivado... al punto de poder considerarla casi una trágica heroína. Por todo lo dicho, y por más, te recomiendo lo leas, y si lo haces, ya sabes... espero me cuentes tu opinión.

A la próxima!

(Nota: la sinopsis fue sacada del sitio: Planeta de Libros)

domingo, 13 de mayo de 2018

Algunos pueden pensar que los caballeros ya no existen. Y es que en realidad, no necesitan armaduras relucientes, ni escudos y espadas. Es más, yo conozco uno muy especial.

Caballero con una pluma exquisita; sabio en sus opiniones; fuerte en su presencia, siempre dejando huella; atento a cada Detalle(s); y sin dejar de ser Dulce en sus modos...


Gracias... gracias por estar en este día,
gracias por estar una vez más con tus letras,
gracias por este gran detalle...
...besos grandes como el mar.

viernes, 11 de mayo de 2018

#VDLN - 95

Aún así, aún de haberlo sabido, volvería a vivir cada cosa...


jueves, 10 de mayo de 2018

¿Conoces esa frase "despertó mis instintos..."?
Bueno, depende de qué instintos estemos hablando obviamente, lo sé; pero ella, ella despierta el mejor de ellos, mi instinto de madre.


Desde que he conocido a Ivel ha sido así. Comencé a leer sus letras y descubrí una joven mujer con un talento increíble. Y ella, mi "niña especial" como me gusta llamarla, no podía faltar en el día de mi cumpleaños. Su enorme cariño, el que me demuestra día a día, el que me demuestra con sus letras, con las imágenes y canciones que me dedica, con todo lo que ella es y por cada detalle.


Gracias Ivel... gracias mi niña...
Y como decimos nostras, quieroTe mucho...


martes, 8 de mayo de 2018

La marquesa me había recomendado de no aceptar la cita; ella conocía más que bien el carácter del Vizconde. El hecho de haberme querido encontrar en su residencia personal, habría debido hacerme cambiar idea, pero ya había dado mi palabra, y no era yo una de hacer marcha atrás.

Llegué puntual, y me sorprendió que fuera el mismo Vizconde quien me abriera la imponente puerta de entrada. Dijo de haber dado órdenes a la servidumbre para que nuestro encuentro sea lo más privado posible. No sabía si lo que sentía era miedo o una creciente curiosidad. Era inegable su buena educación, su clase, su encanto. Esto último me costaba admitirlo; pero su perfume y el leve roce de sus manos, lograba confundirme.

La cena transcurrió de manera serena, más allá de todos mis prejuicios hacia el Vizconde. Él, como si esa noche hubiese olvidado quien era y lo que era, hacía que le hablara de mí y me escuchaba atentamente. Tanto que dejé de verlo como siempre había hecho, ahora sólo era un niño travieso en el cuerpo de un hombre.

Y ese hombre me estaba atrapando. Sus ojos negros me penetraban. Su oscuridad invadió cada célula de mi cuerpo y de mi mente, minuto trás minuto durante la cena. Por eso, cuando llegó la hora de marcharme, y se acercó a mí, creí se despediría y en cambio...

Él susurró a mi oído una palabra, una sola palabra que lo cambiaría todo. Sólo pronunció: “Quédate” y desde ese instante nada fue igual.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 16¿Cuál es el personaje que más odias de la literatura?
Narra una cita con él/ella en la que acabas muy enamorada.
El personaje es el Vizconde de Valtmont, de "Las amistades peligrosas" de Pierre Choderlos de Laclos)