viernes, 23 de junio de 2017

#VDLN - 49

Para vos...
...de tu compañera.

Esta semana les pido disculpas, con toda (el) Alma.
Esto porque, aunque sé que no hay obligaciones y soy la primera a decirlo,
últimamente el tiempo se me escapa de las manos.
Entonces no sólo no llego a responderles en tiempo aquí,
sino que por muchas de vuestras casas estoy ausente desde hace tiempo...
Y esto no me gusta, de verdad que no.
Por un momento pensé cerrar los comentarios,
pero luego no creí fuera tampoco justo...
Porque vienen hasta esta playa,
porque se detienen a leer,
porque escuchan la música que elijo
y porque de este modo, este rincón es también de ustedes...
Esta playa, esta arena, sin vuestras huellas sería sólo un árido desierto.
Por todo esto, van mis disculpas y un
GRACIAS
así de grande...

miércoles, 21 de junio de 2017

Hace ya algunos años, también en un solsticio de invierno, cuando el sol comenzaba a esconderse detrás del horizonte salino, aquellas playas del sur fueron testigo de algo mágico y maravilloso.

La Luna y el Mar, en una de sus eternas danzas de amor, dieron a la luz un hijo. Surgió del mismo fondo de ese vasto océano. En él se conjugaba la pureza y la luz de su madre, con la fuerza y el temple de su padre.

Un día, cuando era ya grande, supo de un antiguo tesoro. Uno que no era formado por piedras preciosas ni monedas de oro, pero el cual todas las criaturas de la Tierra deseaban. No era fácil lo que se proponía, pero no por ello dejaría de intentarlo. Se sumergió y comenzó su búsqueda, sin darse cuenta que la Luna se ensombrecía dando inicio a una feroz tormenta. El mar estaba tan agitado, que las olas se alzaban y rompían con una fuerza descomunal. Fueron ellas las que lo llevaron a lo más profundo, allí donde todo era oscuro pero extrañamente calmo. Y, contrariamente a lo que se podría pensar, él se sintió sereno; el Mar lo estaba acunando y enseñándole el complejo lenguaje del silencio. La Luna lo observaba desde el alto con su sabio mutismo y cuando creyó que él ya estaba listo, besó al Mar que tanto amaba y con la alta marea hizo que él volviera a la superficie.

Cuenta la leyenda, que desde ese día, cuando las tormentas son demasiado destructivas, él se sumerge, buscando en lo más profundo, la luz en la oscuridad del abismo, la serenidad de un latido.

...dedicado a mi querido amigo Demian en su cumpleaños.

viernes, 16 de junio de 2017

#VDLN - 48

"Ojalá te sigas eligiendo todos los días a ti.
Ojalá te levantes cada mañana orgulloso de quien eres.
Ojalá te enamores de tus defectos, de todos. Y te hagas muecas cada vez que te miras al espejo. Porque una sonrisa todo lo puede.
Ojalá no te rindas nunca, ni siquiera cuando sientes que no puedes más.
Ojalá no mires para atrás ni para coger impulso, y ganes fuerza para levantarte después de tropezar con esa piedra una vez más.
Ojalá te vistas como te apetezca, incluso si no se lleva. Incluso si el de al lado te mira de arriba a abajo.
Ojalá cantes en la ducha con todas tus ganas aunque al segundo caiga un gran chaparrón.
Ojalá grites a los cuatro vientos que puedes con todo.
Ojalá te hagan el humor hasta llegar al orgasmo. Y te regalen sonrisas para cada lágrima.
Ojalá te den abrazos de esos que quitan los miedos en un segundo. Y en los que apetece quedarse a vivir.
Ojalá te quieras... pero bien."
(©Un rincón maravilloso)


"...♫ ...Ojalá tocara a mí
tomarme cuidado de tus días
despertarte con un café
y decirte que no envejeces nunca...
Derretir los nudos dentro de ti
las más obstinadas melanconías, ojalá.
Ojalá tocara a mí
tengo experiencias y capacidad
transformista por vocación
para no morir, qué no se hace...
Puedes confiarte a dejarme el corazón
ningún dolor lo rozará, ojalá!
Ojalá tocara a mí
un poco de esa felicidad... ojalá.
Sabré esperar por ti mañana,
y luego mañana, y luego... mañana.
Yo como una sombra te seguiré
la ternura y mi talento.
No te desilusionaré
yo, a la justa distancia.
Seré como tú me quieras
yo tengo un cierto oficio.
Pruébame... pruébame.
Plomero, camarera,
a la ocasión me doy maña.
 No me asusta nada
excepto competir con el amor
pero esta vez deberé lograrlo
mirarte a la cara sin sonrojarme... ojalá...
Si tú me conocieras
cierto es que no me negarías dos alas.
Que tengo un gran desorden en la cabeza
y sólo tú me podrás curar... quédate.
Yo estoy listo a frenarme aquí
si el cielo así lo quiere.
Tómame al vuelo
y luego no hacerme caer más
de esta altura sabes
no se salva jamás...
me amas? Ojalá... Me amas!?!?... ♫..."
(Traducción hecha por mí)

miércoles, 14 de junio de 2017

Me despierto temprano, si dormir se puede llamar a lo que yo hago. Hace ya días que mi estado no me permite descansar como un tiempo. Igualmente, arrastro los pies hasta llegar al baño. Me da miedo observarme en el espejo, suena irónico que yo tema algo. No es que alguna vez haya sido una gran belleza, pero aún recuerdo días mejores, y si pudiese maquillarme, mi rostro ya no tendría arreglo.

Como muchas otras mañanas, tengo hambre; pero estoy sola por lo cual tendré que esperar. Deambulo por la casa y aunque todas las ventanas están cerradas, el sol es ya demasiado fuerte por estos días, y se cuela por cualquier rendija, volviéndome del todo fastidiosa. Pienso, sí, todavía soy capaz de pensar; en lo que no tengo, en lo que me falta y echo de menos.

Las horas pasan lentamente. Me entretengo persiguiendo al gato, pero es demasiado pillo y últimamente se pasa todo el tiempo en el jardín. Prefiero darle la culpa al calor y no a su agudo sentido de conservación. Tampoco espero visitas, ya he consumido a todas mis amistades, ni siquiera un conocido me ha quedado.

Finalmente ha llegado la noche y escucho abrirse la puerta de casa. Es él, ignora cuánto deseaba que volviera. Apenas entra en el comedor, me arrojo sobre su cuerpo. Muerdo su cuello. Lo devoro... literalmente.

Espero pronto volver a la rutina laboral, los días serán un poco más entretenidos.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 17: Describe tu día a día como si fueras un zombi.)

domingo, 11 de junio de 2017

Habían pasado apenas unas pocas horas y ella estaba decidida a ir a buscarlo, sin importarle los riesgos ni las consecuencias. Nadie había podido darle una explicación de lo ocurrido y ella no se resignaría. Nunca lo había hecho, no sería ésta la ocasión para comenzar.

Juntaba unas pocas pertenencias, no tenía idea de cuánto le llevaría el viaje. Mientras, recordaba el día en que lo vió nacer. Se había pasado toda la noche entre dolores, hasta que finalmente, al surgir del sol, él vino a la luz y se lo apoyaron en su pecho. Ya desde ese inicio tuvo que luchar por su lugar. Su padre no quiso reconocerlo y ella se encontró sola con todo, y contra todos. Pese a ello, él había nacido con la sonrisa pegada en el rostro, y su destino marcado en la piel. Creció del mismo modo, con infinidad de carencias, pero no de amor; para eso estaba ella. Mientras ella estuviese, a él no le faltaría nada. Por eso no entendía qué había pasado, si ella no se había jamás ausentado. ¿Dónde era que se había equivocado? ¿Cuáles eran las señales que no había sabido interpretar? Necesitaba respuestas. De otro modo no sería capaz de continuar. Y él era el único que podría dárselas. Por eso no importaba hasta dónde debiera ir, pero llegaría a obtenerlas o moriría en el intento.

Mujer... ¿sabes a dónde vas? –escuchó una voz a su espalda en el momento que cruzaba el umbral de casa, rumbo a emprender su camino. No es casualidad si allí se esconde hasta el sol.

Su mirada estaba allí, en ese punto, al oeste, porque en el oeste se encontraban las ciudades de los muertos. Y porque una madre llegaría hasta donde sea para que alguien le explicara la razón de semejante pérdida.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 5: Usa la frase 'en el oeste se encontraban las ciudades de los muertos'
para hacer una compasición creativa.)


viernes, 9 de junio de 2017

#VDLN - 47

"Hay amores que entran por los ojos,
te revuelven hasta el estómago
y te hacen palpitar el corazón;
otros hasta despiertan tus bajas pasiones.
Pero el más peligroso de todos es el que entra en tu mente...
y de ahí pareciera no querer salir jamás."
(Blaster)



miércoles, 7 de junio de 2017

Desde el día que salí de allí no he dejado de pensar en ella.

Había vuelto a casa; me sentía cuidada y mimada, sin embargo ella me faltaba. Trataba de distraerme con otras cosas, me pasaba el día leyendo, escuchando música... y pensando en ella. Echaba de menos su calor y su magnífico perfume a lavanda. Pero no, ella era prohibida, innaccesible... al menos por ahora, sólo debía esperar el momento, y ella sin dudas valía la pena.

Los días se sucedían unos a otros, con esa calma que precede al calor más sofocante del verano. Uno... dos... cinco... diez. Finalmente dejaría de pensar en ella y sería realidad. Volvería a disfrutar de ella, del contacto con mi piel, de la suavidad con que se deslizaba por mi cuerpo, de ella en su totalidad y de cuanto me dejaba relajada y satisfecha.

Y sí, después de diez días volví a ducharme, y fui la mujer más feliz de este mundo.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 10: Crea un relato que contenga una escena en la ducha.)