miércoles, 16 de agosto de 2017

He meditado sobre el tema, y he llegado a la conclusión que es la enésima muestra de la naturaleza humana. No nos damos cuenta, no valoramos aquello que tenemos, hasta que ya no es así.

Viene a mi mente esa canción:

...♫ ...sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo,
sólo echas de menos el sol cuando comienza a nevar,
sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar...

...sólo sabes que has estado bien cuando te sientes de bajón,
sólo odias la carretera cuando echas de menos tu casa,
sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar... ♫...

E irremediablemente hemos dejado que se marchara.
Lo hemos hecho cuando no hemos dicho, cuando no hemos hecho. Cuando no hemos logrado masticar y tragar el orgullo. Cuando no hemos querido que vean nuestras lágrimas, que nos muestran frágiles, que nos hacen vulnerables. Cuando hemos dejado que ganara el miedo, y no han servido los “tal vez...” ni los “y si...”, tanto menos los “si sólo hubiese...”.

Y ya es tarde, hemos dejado que se marchara y no lo hemos intentado... no la detuvimos.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 20Realiza un texto en el que no aparezca en ningún momentola letra "P".)

viernes, 11 de agosto de 2017

#VDLN - 56

"La gente piensa que la peor cosa sea perder a una persona a la cual se quiere.
Se equivoca.
La cosa peor es perderse a si mismo mientras se quiere demasiado a alguien,
olvidarse que también nosotros somos importantes."
(Fabio Volo)




lunes, 7 de agosto de 2017

Cerró su puerta, dió la vuelta y subió al auto. Se miró en el espejo retrovisor, se peinó el pelo con las manos y volvió a poner en marcha.

A veces me haces enfurecer, juro... –continuaba a decir Francesco. Pero te amo, por Dios si te amo, cucciola.

Su mano se deslizaba por la rodilla de Nadia, mientras conducía sin una destinación precisa. No tenía ni idea dónde ir ni qué hacer. Era tarde, ya eran algunas horas que había pasado la medianoche. Sin embargo, Francesco miraba a su novia, sentada a su lado y pensaba que estaba tan bella como siempre. El exagerado calor de estos días hacía que ella vistiera ligero, demasiado para el gusto de él.

De verdad no creo sea como dices tú, Nadia... –dijo Francesco en tanto que bajaba la ventanilla de su lado y encendía un cigarrillo. No son celos, ni yo te considero mi propiedad como tú dices. Pero soy más grande y con más experiencia, y sé cómo piensan las muchachos de tu edad. Seguro que ese amiguito tuyo creía poder decir así porque tú en cierta forma lo has permitido, le has dejado pensar que tenía alguna posibilidad contigo...

Ya se veían las primeras luces del día. Francesco no se había detenido en toda la noche, tampoco su temblor. Se rompió en llanto.

Te juro cucciola, te juro que nunca quise llegar a esto... –pronunciaba mientras las lágrimas corrían por su rostro. Pero te amo y no puedo soportar que me llames maníaco posesivo, que digas que soy un enfermo de celos, o que lo mío no es amor, sólo porque a veces alzo un poco la voz pero es que...

Francesco no podía más. Detuvo el auto frente a la comisaría, con Nadia a su lado. Mejor dicho, el cuerpo sin vida de ella. La había estrangulado horas antes, en un acto irracional y sin ningún tipo de justificación, menos en nombre del amor.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 50Escribe un relato inspirado en una noticia que hayas leído esta semana.
Ésta es la noticia -haz click si deseas leerla-.)

viernes, 4 de agosto de 2017

#VDLN - 55

"Aquella mujer que lloró,
aquella mujer con el alma rota,
supo de algún modo destructor,
que para levantarse hay que caer rompiéndose hasta los huesos.
Y que para vivir, hay que recomponerse, una y otra vez."
(Jarhat Pacheco)


sábado, 29 de julio de 2017

#VDLN - 54

"Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo,
entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo,
habremos destruido nuestra propia hermandad.
Pero supera el espacio,
y nos quedará sólo un 'Aquí'.
Supera el tiempo, y nos quedará sólo un 'Ahora'.
Y entre el Aquí y el Ahora,
¿no crees que podremos volver a vernos un par de veces?"
(Richard Bach)

Hace 34 años la vida me hizo un regalo maravilloso,
puso una Leona en mi camino.
Tan distintas y a la vez tan iguales.
Compañera primero,
amiga luego...
Hoy parte vital.
Hermana.

Feliz cumpleaños Nat...
En donde estés, estoy.
En donde estoy, estás.
Te amo.


jueves, 27 de julio de 2017

El trabajo de Walter siempre lo había llevado a los lugares más exóticos del planeta. Y, aunque ya eran unos cuantos años que se encontraba estable en su ciudad natal, otra vez debería marcharse al otro lado del océano. La multinacional para la que trabajaba esta vez lo enviaba a construir viviendas familiares cerca de la frontera entre Kenia y Tanzania.

Nunca antes había estado en África, y a pesar de lo mucho que había leído, el espectáculo que se presentaba delante de sus ojos escapaba a cualquier descripción él pudiese hacer.

El trabajo que debía llevar a cabo no era sencillo. No sólo por el clima, al cual no estaba absolutamente acostumbrado, sino porque parte de las tierras donde debía construir eran vírgenes y sin dueño. O al menos, su dueño no era un hombre, como le explicó el viejo sabio de la tribu de la zona. Eran tierras de leones desde hacía generaciones, y ambos convivían en armonía, siempre y cuando ninguno atravesara los límites que correspondían al otro.

A pesar de tener todos los medios a disposición, Walter no deseaba atacar a la manada bajo ningún concepto. Había conocido, si así podía decirse, al jefe de ella, un león adulto, de porte firme y mirada serena; seguro en sus pasos, como si supiera desde el inicio quién tenía delante. Walter lo respetaba, tanto o más que a muchos otros “jefes” hubiese conocido antes. Pero la compañía no entendía –ni le importaban- estas cosas, y sin que Walter lo supiera, contrataron cazadores furtivos, asesinos, para deshacerse de todos y cada uno de los leones.

Días más tarde, Enam, uno de los niños más pequeños de la tribu vecina, apareció corriendo donde alojaba Walter, y con lágrimas en los ojos, le contó que los hombres blancos matarían a los leones. Walter se dejó invadir por la rabia y la desesperación, subió a su jeep y salió rumbo a las tierras en cuestión, sin percatarse de la tempestad que se alzaba al horizonte. Su pie presionaba tanto sobre el acelerador que el vehículo parecía volar. El viento comenzó a ser muy fuerte, tanto que formaba una cortina de tierra por delante que le impedía ver por dónde iba. Fue por eso que no pudo evitar lo que sucedió, sólo sintió la tierra cediendo bajo las ruedas del jeep y todo se apagó.

Despertó al rato, cuando escuchó el sonido del agua contra el vidrio del jeep. Primero no sabía dónde estaba, ni qué había sucedido, luego comenzó a entender. Los cazadores habían excavado un pozo, una trampa, y habían cubierto todo con maderas y tierra, para atrapar y matar más fácilmente a los leones. Con lo que ellos no contaban era con que Walter saliera en medio a un temporal en su búsqueda, y ahora se encontraba allí, con el jeep encallado en el fondo del pozo y él malherido por el accidente. Trató de desabrochar el cinturón de seguridad, pero no pudo, se había trabado en el accidente. La lluvia comenzaba a ser cada vez más fuerte, y nadie sabía dónde había ido, por ende, mucho menos de su suerte. Comprendió que en poco tiempo el pozo se llenaría de agua y él moriría ahogado, y ¿por qué?, por salvar a un león y su manada. Un león que seguramente no sabía ni siquiera de su existencia. Pensaba a esto y sonreía irónicamente de su destino, cuando escuchó un rumor por sobre su cabeza. La sacó por el costado para ver de qué se trataba y pedir ayuda, cuando lo vió. Allí estaba el león observándolo. Walter no supo qué hacer, el miedo lo hacía burlarse de sí mismo.

“Bien, parece que hoy es tu último día muchacho... o ahogado, o comido por un león... vaya posibilidades, y sólo te queda elegir... perdido por perdido...” Eso pensaba cuando comenzó a gritar.

Eyy... eyyy... –gritaba mientras sacaba una y otra vez la cabeza mirando hacia arriba, donde estaba el león. Ayúdame... sé que me entiendes... sálvame de morir ahogado...

Vió desaparecer la dorada melena del borde del pozo, y no pudo contener las lágrimas pensando al final. Dejó caer la cabeza y no se preocupó por llorar desconsoladamente. Hasta que el fuerte ruido de un tronco cayendo dentro el pozo, justo al lado del jeep, lo hizo detenerse y salir de esa angustía que empezaba a embargarlo. Volvió a sacar la cabeza y vió al león descender lentamente por el tronco, midiendo sus pasos, como asegurándose que tal resistiera al peso de su cuerpo. Walter no sabía si sentir alivio o terror. Los minutos siguientes parecieron siglos. Vió aparecer por su lado la enorme cabeza del león, estaba tan cerca que su aliento le humedecía la cara, y rogó porque nada malo sucediera. Con una presición quirúrgica, y como si supiera, sus dientes se clavaron en el cinturón de seguridad, desgarrándolo, de modo que Walter quedó libre de salir del jeep. Por un instante se miraron a los ojos y cualquiera hubiese jurado que se entendieron. Walter se sujetó al león que comenzó a hacer marcha atrás para salir del pozo, tan lentamente como había bajado. Cuando llegaron arriba y se pusieron a salvo, la lluvia que hasta ese momento caía torrencialmente, se detuvo, abriéndose el cielo y dejando que los rayos del sol iluminaran a los dos. Sin pensarlo, Walter abrazó al león, le había salvado la vida.

Desde ese día, Walter no se detuvo hasta conseguir adquirir la propiedad de esas tierras, en las cuales creó una reserva natural. Él nunca más dejó el África, allí se casó y formó su familia. Y cuando ya viejo le preguntaron por la amistad, respondió:

“En un instante él me enseñó lo que es el respeto y la lealtad. Él me salvó la vida, en todo sentido. Él, un león, fue mi mejor amigo.”

Todos deberían tener un León como amigo,
yo tengo la suerte de contar con algunos,
y uno de ellos hoy cumple años, por lo cual le quiero dedicar este relato...
para vos Dulce en tu día!


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 50Escribe un relato sobre la amistad entre un hombre y un animal.)

domingo, 23 de julio de 2017

Aunque resulte difícil de creer, hay veces que no encuentro las palabras para expresarme, para decir lo que pasa por mi mente, por mi corazón, por (mi) Alma... delante a ciertos detalles, a gestos tan grandes en significado y llenos de tanto sincero afecto, quedo emocionada y en silencio... tal vez porque lo único que me sale es "gracias" y me resulta tan simple y chiquita esa sola palabra... prefiero un abrazo, de esos fuertes, de esos que hacen que los latidos se unan y formen uno solo.

Gracias Ale...
gracias por aparecer en mi camino;
gracias por elegir recorrerlo conmigo;
gracias por el día a día;
gracias por esta amistad que ha nacido y crece momento a momento;
gracias por lo que creo, espero y estoy segura que vendrá...


(Quito los comentarios porque preferiría que las palabras, los cumplidos, y todo, fueran para Ella, para Ale, mi querida LunaRoja... por eso te invito a su espacio, si aún no lo conoces -¿cómo que todavía no lo conoces?!!- y que me veas a través de sus ojos... gracias a vos también por ello.)